Un 15 de agosto a las 6:40 de la tarde un terremoto de 7,9
grados en la escala de Richter remeció y destruyó la ciudad de Pisco ante la
atónita mirada de los pobladores. La desesperación y el miedo se apoderaron de
los habitantes, que veían caer sus precarias viviendas como si de papel se
tratase, así como también el derrumbamiento de los grandes edificios.
A la mañana siguiente, las dramáticas consecuencias daban fe
de lo devastador que fue el terremoto; alrededor de 600 muertos que eran
colocados en la plaza central de Pisco para que sus familiares puedan reconocer
sus cuerpos, 2 mil heridos y más de 400 mil damnificados que lo habían perdido
todo, desde cosas materiales hasta sus seres queridos.
El movimiento telúrico también causó daños irreparables a
los atractivos turísticos y religiosos de la provincia; entre ellas la reserva
Nacional de Paracas donde los lobos marinos se vieron afectados, la formación
rocosa conocida como “La Catedral” que fue
completamente destruida y la Catedral del Señor de Luren que colapsó luego del
siniestro.
El sismo es considerado el más poderoso terremoto ocurrido
en Perú en los últimos años, en lo que a intensidad y duración se refiere; pero
no el más catastrófico en comparación al terremoto de 1970 que azoto el país el
cual dejó miles de muertos.
La rápida ayuda de los países demostró que a pesar de muchas
diferencias políticas como sociales, en situaciones como en la que Perú estaba inmerso,
es cuando debemos dejar de lado las rencillas y ayudar. Sin embargo la mala
administración de esta ayuda financiera tanto como material, hizo que más de la
mitad de los damnificados no recibieran el bono económico que le correspondía
para que puedan construir sus hogares y solventar sus necesidades básicas.
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http://elcomercio.pe/tag/115941/terremoto-en-pisco
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